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El riego y los cactus

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Probablemente uno de los mayores dilemas a los que se enfrenta un novel coleccionista de cactus, es acerca de cuánto y con qué frecuencia regar. Es la etapa en la que matamos involuntariamente una importante cantidad de ejemplares, para luego preguntarnos ¿qué hice mal?

Algunos y algunas desistirán del cultivo de cactus, pasando a comprarse una planta más gentil, por ejemplo, un potus. Otras y otros decidirán insistir a pesar de las adversidades, y es ahí cuando nace el verdadero coleccionista de cactus. 

Al principio parece simple, de hecho se tiende a creer que los cactus no necesitan cuidados especiales, y podemos olvidarnos de regarlo por mucho tiempo sin que sufran consecuencias de importancia. Esto es en parte cierto, un cactus puede pasar lo más bien un período de sequía, pero si ese período se convierte en norma, le será muy difícil mantener sus defensas contra plagas y enfermedades, y tarde o temprano se resentirá o morirá.

Dicho esto, pasemos a cuestiones prácticas. Para saber con qué frecuencia y en qué cantidad regar un cactus, debemos tener en cuenta lo siguiente:

Género/Especie de cactus
No son iguales las necesidades de riego que tiene un cactus epífito como la Schlumbergera, cuyo hábitat son los bosques lluviosos de Brasil, que una Eriosyce que habita naturalmente desiertos peruanos y chilenos de gran altura. 
Aporocactus: cactus epífito

Tipo de maceta
Sobre este ítem hay que tener en cuenta varios puntos:
  • Material de la maceta: Las macetas de barro o similares absorben parte del agua por sus poros y permiten una mayor evaporación, mientras que las macetas plásticas la retardan, y por lo tanto mantienen por más tiempo la humedad.
  •  Color de la maceta: Cuanto más oscura es la maceta, mayor será la energía luminosa que absorberá, transformándola en calor. El calor hace que el agua se evapore más rápido, pero también puede afectar las raíces del cactus por sobrecalentamiento. Por otra parte, si el recubrimiento de la maceta es brillante porque está barnizada o pintada, la evaporación de agua será menor que en las macetas de barro comunes.
  •  Ubicación del cactus: Los cactus ubicados en exterior tienen diferentes necesidades de agua que los ubicados en el interior de una vivienda, porque en el interior su ciclo biológico se ve alterado en la medida que desaparecen las estaciones, y se encuentra en un lugar en el cual la temperatura no tiene variación a lo largo del año. Retomaré este punto más adelante.
  • Tipo de drenaje: Es extremadamente importante que la maceta que contiene al cactus tenga un muy buen drenaje. Si la maceta acumula agua, se tendrá un cactus muerto en poco tiempo. Hay que verificar que la maceta tenga agujeros de buen tamaño, que no se obstruyan, y nunca poner un plato debajo de la maceta que pueda acumular agua.
Sustrato 
Los cactus que se compran habitualmente en los viveros y florerías no traen un sustrato adecuado. Las personas que producen cactus en cantidades mayoristas no se preocupan por darle a los ejemplares un sustrato óptimo, no porque sean estafadoras, sino porque cuando se trabaja en grandes cantidades, no se puede estar en esos detalles. Siempre hay excepciones, pero como son pocas, lo mejor es trasplantar el cactus luego de llevarlo a casa, y usar tierra negra mezclada con arena gruesa, pequeñas piedritas y/o perlita. La proporción adecuada es la que permite al agua salir rápidamente por los agujeritos de la maceta al ponerle agua, y mantiene una buena aireación. Es fundamental que no se compacte.

Temperatura Ambiente 
He aquí la cuestión fundamental. Para regar un cactus, el factor determinante es la temperatura. Los cactus, en líneas generales, provienen de zonas dónde las temporadas lluviosas coinciden con los meses cálidos de primavera y verano, mientras que los inviernos son secos. Cuando la temperatura empieza a descender y los días comienzan a acortarse, los cactus entienden que deben entrar en reposo invernal, por lo que la mayor parte de los cactus no necesita agua durante el invierno, o la necesita en muy poca cantidad, apenas para mantener su metabolismo que en esa época se encuentra al mínimo.


Entonces, ¿Cómo lo riego?

Luego de leer esto, puede parecer que el regar un cactus es tarea de un Ingeniero Nuclear o un Parapsicólogo especializado en suculentas. Pero créanme que no es así.

Por empezar, los cactus que se venden en florerías y viveros comunes no vienen identificados, y puede ser complicado para una persona que recién se inicia en el mundo de los cactus buscar la identificación de su ejemplar, sin embargo se pueden tomar lineamientos generales para el riego, teniendo en cuenta los otros factores. 

1- Observar el lugar dónde está ubicado el cactus. Si está en interior, sigue leyendo el punto 2. Si está afuera, sigue leyendo el punto 3.

2-  Si el cactus está en el interior de una casa, la temperatura promedio se mantiene durante el año, aunque puede variar un poco la cantidad de luz que recibe a diario. Lo ideal es regarlo solo cuando se haya secado por completo el sustrato. Para verificarlo, se puede escarbar un poco con un palito, cuidando de no lastimar las raíces. Esto puede tardar una semana o más, dependiendo de que la zona en que vivamos sea seca o húmeda. Esto corre para cactus dentro de casa, dónde vivimos nosotros. No para cactus en invernaderos o jardines de invierno, dónde la temperatura y cantidad de luz sea semejante a la del exterior. Con el tiempo se le va tomando ojo y ya no hace falta escarbar con el palito.  
 
Cereus Forbesii: adaptado a las lluvias
3- Si el cactus está en el exterior, a reparo de las lluvias (ya sea bajo techo o en un invernadero) hay que tener en cuenta la época del año y la temperatura ambiente. Como ya se vió, los cactus tienen un período de reposo (épocas frías) y actividad (épocas cálidas), aunque en algunos casos los cactus mantienen su actividad hasta bien entrado el invierno, como algunas Mammillarias, que suelen florecer tardíamente. La regla a seguir en este caso es comenzar a regar cuando finaliza el invierno (fines de agosto/primeros días de septiembre). Volver a regar cuando notemos que el sustrato se ha secado completamente, y siempre echando un ojo al pronóstico meteorológico para descartar heladas o frentes fríos tardíos. Cuando ya se han instalado los días cálidos, los cactus necesitan bastante agua porque van a empezar a activar su crecimiento, y en algunos casos, a florecer. Se puede regar una vez por semana, o cuando se vea el sustrato seco. Se puede menguar el riego si el sustrato mantiene humedad en su capa superior. Al guiarse por el sustrato, se verá que hay que regar con más frecuencia a los cactus en maceta de barro que los cactus en macetas plásticas, más los que están al sol que los que están a la sombra, etc. Siempre verificar el estado del drenaje, es muy importante.  

En verano, cuando los días son muy calurosos y el sol pega muy fuerte, es conveniente regar al atardecer o a la noche, porque regar cuando las macetas están muy calientes es peligroso para las raíces del cactus. En esta época algunos cactus pueden entrar en pequeños letargos para protegerse del exceso de calor (shock térmico), por eso hay que regar con cuidado, de noche, y verificando que la temperatura de las macetas haya descendido.

Entrado el otoño, para fines de abril/mayo, se puede seguir regando mientras los días sean cálidos, e ir espaciando los riegos a medida que bajan las temperaturas, hasta detenerlos por completo cuando llega el frio. Los cactus se protegen de las heladas espesando la savia, por lo cual no necesitarán mucha agua, solo lo indispensable para mantener el metabolismo al mínimo. La humedad en conjunto con el frío los hace vulnerables a las heladas (un cactus seco resiste mucho mejor que un cactus húmedo), y además propicia el desarrollo de los grandes enemigos de los cactus: los hongos. Por todo esto, y ante la duda, lo mejor es no regar el cactus en absoluto durante toda la temporada fría. No le va a pasar nada. 

Variedad de cactus epífitos
Algunas especies pueden necesitar un poco de humedad para no perder su sistema radicular, por lo tanto se puede dar una regada cuando se sabe que los días van a estar lindos. En Buenos Aires solemos tener “mini veranos” en medio del invierno, ahí es cuando se puede aprovechar para hacer un riego moderado.
Como en todo hay excepciones, y esto no corre para los cactus epífitos, con lo cual es altamente recomendable googlear “cactus epífitos” y fijarse en las imágenes si se tiene alguno de esos ejemplares. Los epífitos necesitan agua durante todo el año.



Hasta aquí sabemos cuándo regar. Lo que no se ha dicho es “cuánto” regar. 

Peyote injertado: resiste mejor los excesos de agua
Es común tener miedo al principio, y regar muy poquito. Incluso en algunos viveros recomiendan “echarle una cucharada de agua cada dos días”. NO. No sigan las recomendaciones del dueño de la florería o el vivero, a menos que sea un vivero especializado en cactus.
Lo ideal es regar hasta que el agua salga por los agujeritos de la base. Puede parecer un montón para un cactus, pero de esa manera nos aseguramos de que el agua llegue hasta las raíces más tiernas, que son las más absorbentes, y evitamos que mueran. Regar en poca cantidad hace que la humedad solo quede en la parte superior, el cactus tome agua en forma deficiente, y se acumulen sales y minerales que vienen con el agua. Cuando regamos hasta que el agua sale por el drenaje, logramos que ésta arrastre el exceso de minerales y sales, y se humedezca bien el sustrato. En el único caso que es recomendable regar superficialmente, es cuando hacemos un riego invernal, después hay que regar en forma abundante. No olvidemos que los cactus, aunque estén adaptados evolutivamente a regiones secas, necesitan agua como cualquier otro ser vivo.

En resumen

  • ·        Revisar el sustrato para ver si está seco o húmedo.
  • ·         Regar cuando el sustrato esté bien seco.
  • ·         Regar generosamente en temporadas cálidas
  • ·         No regar en temporadas frías, o dar un par de pequeños riegos cuando la temperatura lo permita.
  • ·         Regar hasta que el agua salga por los agujeritos de la maceta.
  • ·         Regar por la noche cuando la temperatura del día sea muy alta (pleno verano).
  • ·         Mantener un buen drenaje, tanto del sustrato como de la maceta.
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El género de las Mammillarias

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Mammillaria Prolífera

Las Mammillarias son un género de cactus perteneciente a la familia de las cactáceas, y deben su nombre a las numerosas mamilas (del latín “mammilla”, tetilla) que forman su cuerpo. Es uno de los géneros con más especies de la familia cactaceae, con cerca de 350 especies reconocidas. 
Mamila de Mammillaria Plumosa
En su mayoría son cactus globulares o cilíndricos, en tamaños que van desde 1 a 20 centímetros de diámetro, y de 1 a 40 centímetros de altura. Pueden crecer tanto en forma solitaria como formando grupos (esta última es común en plantas adultas). Como ya se dijo, todas las Mammillarias están compuestas por numerosas mamilas, en formas que pueden variar desde cilíndricas, cónicas hasta piramidales, las cuales dan una característica especial al género, ya que poseen areolas apicales y axilares.
M. Gracilis (centro) y M. Glasii (der)
Las areolas axilares (ubicadas en la base de cada mamila) son las encargadas de dar flores y frutos, además de ser el punto de ramificación. A veces pueden tener pelos, pero no espinas. En cambio las areolas apicales (ubicadas en la punta de cada mamila) son las que poseen espinas, a veces también pelos, pero no florecen, aunque bajo ciertas condiciones pueden producir ramificaciones (por ejemplo, en injertos de mamilas).

Mammillaria Giselae
Las espinas en las Mammillarias son muy diversas, desde rígidas, fuertes y gruesas, hasta finas y delicadas, con apariencia de cerdas o pelos, terminadas en forma de gancho o rectas, y en una amplia gama de colores. Incluso pueden tener suaves espinas radiales con aspecto de plumas (Mammillaria Plumosa) En las axilas o los ápices de las mamilas puede haber pelos o lanas más o menos espesos según la especie.
Mammillaria Prolífera con frutos

En la amplia mayoría de las especies, las flores son pequeñas y levemente acampanadas, en colores pálidos como el rosa, beige o blanco, con una franja central más oscura, aunque hay Mammillarias con flores más grandes y llamativas. En general florecen a finales del verano-principios de otoño, aunque algunas pueden florecer hasta entrado el invierno. Sus frutos son bayas de color típicamente rojo, de forma tubular, y comestibles. Protegen numerosas semillas oscuras de tamaño diminuto (menos de un milímetro de diámetro).

Mammillaria Sheldonii
En la naturaleza, todas las Mammillarias, salvo algunas especies, son endémicas de México, es decir, solo se pueden encontrar en dicho país. El resto se puede encontrar bordeando el sur de los Estados Unidos, y solo un par de especies se hallan en Centro y Sudamérica, así como en las islas del Caribe.















 Mammillarias en Imágenes

M. Elongata (izq) y M. Elongata crestada (der)

Mammillaria Sp.

Mammillaria Plumosa
Mammillaria obtenida por injerto de mamila (der)
M. Bocassana var. Rekoi

Mammillaria Bocassana

Mammillaria Microthele

Bibliografía y enlaces recomendados para ampliar la información:

http://es.wikipedia.org/wiki/Mammillaria


Todas las fotos pertenecen a mammillarias de mi colección.
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